martes, 22 de septiembre de 2009

Actividad 11. Apreciación musical





Indicaciones:
A. Escuchar la melodía "Judicii Signum" procurando un ambiente adecuado.

B. Poner en el blog la respuesta a las siguientes preguntas:
1. ¿Qué instrumentos distingues?
2. ¿Qué imágenes o situaciones te evoca esta música?
3. ¿Qué sentimientos o estados de ánimo te produce esta música?
4. ¿Qué dudas o cuestionamientos te vienen a la mente?
5. ¿Te gustó la música?

Información

Clase Práctica:

Día: Miércoles 23 de septiembre
Hora: 20:00 hrs.
Lugar: Aula de cómputo
Ubicación: Edifico B Planta Baja
Requerimientos: En lo posible, llevar audífonos.

EDAD MEDIA





A manera de Introducción
Por Irene Henández




Tras su colapso político y económico, el Imperio Romano se divide en dos: Imperio de Occidente e Imperio de Oriente. Cuando hablamos de la caída del Imperio Romano con la fecha convencional del año 476, estamos refiriéndonos únicamente al Imperio cuya sede del gobierno era Roma; en cambio el de Oriente, con Bizancio como capital, sobrevive prácticamente durante toda la Edad Media. Un imperio éste con los ojos puestos cada vez más en Oriente. Y no era para menos dadas las constantes amenazas por parte de las fuerzas persas, árabes y turcas, que le darán la estocada final en el año de 1453. Entonces, pues, el imperio Bizantino es parte también de la Edad Media; es más, es un centro importante desde donde se irradia la cultura grecolatina hacia Occidente, que junto con la cultura helenística resguardaban celosamente.
También es por esta ruta, la de Oriente, que las ideas y prácticas del cristianismo de enraízan en todo Occidente y desde luego en los pueblos eslavos y en Rusia (recordar a Rubliev).

Sin embargo, el programa de Identidad y Cultura se centra más en los acontecimientos que se suscitaron después de que los pueblos bárbaros entraron en el escenario en el siglo V, y que dieron origen a los distintos reinos europeos que moldearon la cultura occidental. Daremos especial atención a un Imperio efímero pero fundamental para Europa: El imperio Carolingio.

Hablar de Edad Media es hablar de mil años. Como en todo hecho social, los hechos históricos son escogidos e interpretados según la óptica del historiador. El historiador que ame a la tradición romana, como Barrow, por ejemplo, dirá que la cultura romana sobrevivió y dio forma a la etapa que le siguió, es decir a la Edad Media; en cambio un germanófilo diría que la cultura teutona fue la que imprimió su sello distintivo al periodo que siguió al eclipse del Imperio Romano.

Creo que lo que nos queda a nosotros como neófitos de la cultura occidental, es simplemente aceptar que tanto una como la otra son tradiciones que favorecieron en la misma proporción a la construcción de la identidad de la época medieval, donde la iglesia con sede en Roma trata de conservar para Roma un sitio preponderante dentro del poder, y los nacientes reinos germanos (bárbaros), por su parte, dejan su marca distintiva implantando sus estructuras económicas y formas de gobernar, y juntos, reinos e iglesia, formarán una gran mancuerna que durará muchos siglos: de ahí el llamarse Sacro Imperio Romano Germánico.

Sin embargo éstos dos pueblos no son los únicos en el escenario de la fusión cultural que está experimentando Occidente: dos grandes fuerzas de la época destacan también en el Medioevo: los vikingos y los árabes (siglo VIII). De estos últimos conoceremos un poco más: pueblo amante de la cultura, de las buenas maneras de cortesía y cortejo, y de la conservación del saber, el árabe es también parte importante de la identidad mexicana.

Las Cruzadas o Guerras Santas marcan el origen de una disputa entre cristianos y musulmanes, es el origen también de un nuevo modo de producción con el surgimiento de las ciudades, el auge del comercio y la acumulación del capital. También es la Edad Media creadora de símbolos: el Caballero, por ejemplo.

La bibliografía sugerida para el tema es el libro de José Luis Romero La Edad Media; Schwanitz en La Cultura, en la parte de Edad Media, nos ofrece un ameno relato de está época.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Actividad 10. Descripción iconográfica





1. Investigar qué es un icono bizantino. Dar la definición.
2. Subir una imagen de un icono bizantino al blog personal.
3. Describir profusamente la imagen (formas, colores, texturas imaginadas, sensaciones, emociones, representaciones simbólicas, etc.)

Actividad 9. Lectura y repaso


Revisar los contenidos de la presentación "Roma antigua:Identidad y cultura" con el propósito de introducirnos al mundo de la Temprana Edad Media. Hacer anotaciones en el cuaderno de apuntes.

Cultura romana

viernes, 18 de septiembre de 2009

La construcción de un símbolo




El recuerdo del oso olvidado
Por Irene Hernández



Siempre tenemos un recuerdo más grabado que otro. ¿Será porque hay algo de misterioso en él? Los psicoanalistas piensan que sí y que mientras no se resuelva ese misterio seguirá persiguiéndonos la reminiscencia.

Tenía yo 3 ó 4 años de edad. Mis tías nos llevaron a mis hermanas y a mí a un parque muy cercano a mi casa. Era de noche, a una hora inusual para pasear con tres niñas pequeñas. Ya de regreso por el camino, una de las tías se percató de que habíamos olvidado el oso de peluche de una de mis hermanas; cuando regresamos al arriate donde habíamos estado jugando, ya no estaba; para mí fue algo sorprendente, no cabía en mi entendimiento quién había podido llevarse el oso en un lapso tan corto. La oscuridad del lugar desplegaba un velo de misterio.

Tal vez sea éste uno de los recuerdos más antiguos que conservo. La imagen de la alameda de noche, poco iluminada, hirió mis sentidos: en aquél entonces la visualicé totalmente solitaria e inmensa, de la misma manera en que los infantes aprecian las dimensiones de los espacios haciéndolas aún más grandes de lo que en verdad son, al grado de que cuando crecemos se encogen y decimos asombrados “yo lo veía más grande”; en estas circunstancias, la alameda de Santa María me parecía colosal.

Exagerar mi percepción de ese lugar no impidió que al transcurrir los años se fuera forjando una relación entrañable con ese parque. Ir a la alameda había sido el paseo obligado de los domingos por muchos años: mi papá nos acompañaba y mientras jugábamos mis hermanas y yo él se sentaba en una banquita a leer el periódico. Así, ese lugar fue convirtiéndose con el tiempo en un símbolo de mi niñez al representar algo esencial para mí, cumpliendo de esta forma la sentencia freudiana: “Infancia es destino”.

Con esas experiencias y otras más mi niñez transcurrió dotando de referentes y significados a mi entorno. Llegando a la adolescencia -y con la influencia de la sociedad
[i] que con su inercia nos hace pretender ser lo que en verdad no somos- le di la espalda a mi colonia, la cual se iba transformando en un barrio popular; como toda adolescente quería ser parte de una élite: pronto me desengañé: la madurez va ganando paulatinamente la batalla (Herrera: 2001). Una tarde de regreso de la universidad caminando por la calle principal de la colonia me embargó un sentimiento de orgullo por mis padres, por mi barrio, mi familia[ii], orgullo de mi niñez a la que nada le faltaba ni sobraba, simplemente porque así había sido mi vida hasta ese momento. No sé si fue la forma en que la luz del atardecer se reflejaba en los árboles y las fachadas de las casas, el frío y humedad de una tarde lluviosa, el olor de la panadería o fue acaso el momento que Arnulfo Herrera llama “reconciliación con el mundo adulto, la reconciliación de nuestro pasado, de nuestro Yo en toda su integridad” lo que me hizo tomar conciencia.

Así fue que experimenté el sentimiento de patria como:

"(…) un reflejo de nosotros mismos. Un reflejo que nos defiende de la soledad. Como si al colocarnos frente al espejo pudiéramos ver, de golpe, no solo nuestra imagen de individuos, sino también la imagen de nuestros antepasados y la de nuestros descendientes y la de todos los seres próximos junto a los cuales crecimos y de quienes llevamos algo apenas perceptibles (…). Irrumpe entonces, en la conciencia, la fuerza de ese amor a la colectividad y a los lugares que conforman en escenario de la patria íntima".
[iii]

Era, pues, el reencuentro con mi colonia, mi alameda con su kiosco morisco donde tantas veces jugué viviendo momentos en los que no hay ni pasado ni futuro, disfrutando y valorando el presente en toda su dimensión. Estaba precisamente en el “escenario de la patria misma”.



No fue casual que al explorar mi faceta artística haya decidido pintar La alameda de Santa María la Ribera, o más bien la representación que me hice yo de la alameda, donde el osito le dio título a mi obra. Desde luego que fue entonces que me percaté de que no estaba dotada para las artes plásticas, pero ¡qué importaba eso, si a través de mi pintura había plasmado el símbolo de mi identidad, de mi colectividad! Me había mirado en el espejo donde me vi a mí misma y a todos los que me habían acompañado en la composición de mi biografía.

Los lugares donde crecimos y que amamos por habernos dado el referente “yo/mundo exterior” corresponden al mundo social que intentamos descifrar e interpretar en nuestra vida cotidiana a través del mundo intersubjetivo, construcción que nos da la posibilidad de integrarnos a la colectividad y a su cultura compartiendo un universo simbólico y tener así un sentido de pertenencia. De la misma forma ese mundo se ensancha hasta conformar una realidad más grande llamada México.

Ha pasado tanto tiempo después de la experiencia del oso olvidado, que pongo en duda lo que he relatado; aún siento no tener una explicación que satisfaga mi inquisición: ¿porqué no estaba el osos ahí? si éramos las únicas personas en el parque, además el sitio no estaba bien alumbrado como para que lo hubiese podido distinguir alguien más; por otro lado, el tiempo que tardamos en regresar para recuperarlo fue en realidad muy corto. Y es extraño, pero cuando les he preguntado a mis tías y hermanas acerca del suceso traumático me han respondido: “¡De verás?, no me acuerdo”, o “creo que sí, pero no me acuerdo muy bien”
. ¿Por qué en cambio yo sí me acuerdo?, la respuesta lógica es que cada quien vive las situaciones de manera muy diferente, le damos el significado a las cosas y a los hechos de acuerdo a nuestras subjetividades. Y tratándose de la capacidad de los niños y niñas para fantasear, bien pude haber inventado la historia del oso, al menos tal cual la recuerdo. Hay algo ahí que no he podido descifrar.

Creo que lo mejor es pensar que el dios Pan
[iv], que habita en los jardines, bosques y matorrales persiguiendo a las ninfas, se llevó aquel oso de peluche para obsequiarlo a una de ellas y así obtener sus favores. Esta explicación me deja más convencida, y tal vez ya deje en paz ese recuerdo anodino.


[i] “La presión hace que cambiemos muchas cosas en nuestras vidas, desde la manera de vestir, los gustos de música, las amistades con las que convivimos, etc.”en David Martínez, Mi reflejo Patrio, Identidad y Cultura, Universidad del Caribe.
[ii] “Tomando un fragmento de mi vida, donde interviene mi familia, me hace pensar que en verdad son los principales actores de la patria (…) Genera dentro de uno un sentimiento de lealtad y cariño” en Francisco Carvajal, Mi Patria, Identidad y Cultura, Universidad del Caribe.
[iii] Arnulfo Herrera, Amor a la Patria, p. 4-5, versión electrónica
[iv] Edith Hamilton en su libro Mitología hace una descripción de Pan: Era un músico maravilloso: con su flauta tocaba melodías tan dulces como el canto del ruiseñor. Enamorado siempre de una u otra ninfa, todas le rechazaban a causa de su fealdad. Se cree que los sonidos que los viajeros miedosos oían por la noche los emitía él, y de ahí se deduce con facilidad de donde viene el llamar al miedo “pánico”.