martes, 18 de agosto de 2009

¿Podemos saber cuál es nuestra vocación?

Por Irene Hernández y Díaz Guerrero

Hace algunos años, intentando resolver una crisis vocacional, me plantee la cuestión que da titulo a este ensayo. Llegué a una conclusión: la vocación no es algo preestablecido de antemano ni independiente a nuestra voluntad, experiencia y entorno.
El proceso para aceptar esta idea fue largo. Primero investigué la vida de destacados hombres de ciencia: muchos de ellos habían escogido su profesión no sin antes haber incursionado por otras áreas; inclusive, parecían estar dentro de su práctica profesional exitosa como mero producto del azar. Al menos así lo señalaban algunos de sus biógrafos.
Charles Darwin, por ejemplo, “…comenzó a estudiar medicina en Edimburgo, pero se encontró sin aptitudes para esa disciplina. Después intentó una carrera eclesiástica, nada más natural para un muchacho de la familia Darwin, pero el destino tenía otros planes…” Su pasión por la naturaleza, la influencia de un profesor de botánica, un libro de geología y un viaje por Sudamérica cambiaron su vida, y... también, los principios científicos de su época.
Por su parte Sigmund Freud, descubridor del inconsciente, inicia su larga carrera como psicoanalista a partir del giro que da a su práctica profesional luego que hubo concluido su carrera de medicina. Un acontecimiento hace que Freud empiece a interesarse por los fenómenos mentales: es invitado a una demostración de hipnosis que realiza Martín Charcot, fundador de la psiquiatría. Así, “… el doctor Freud empieza a tratar pacientes con hipnosis y a prefigurar ciertas ideas que luego serían definitivas para el nacimiento del Psicoanálisis”. A partir de este momento este personaje abandonó la medicina tradicional para incursionar en el terreno del análisis de los conflictos emocionales con la técnica del diván.
Otro caso aún más asombroso es el de Jean Piaget. En el ámbito académico se le reconoce a este pensador como psicólogo y pedagogo; hay quienes prefieren llamarlo filósofo; pocos saben, sin embargo, que su tesis de doctorado la intituló “Variabilidad de los moluscos”. Con esta investigación Piaget determinó los mecanismos de adaptabilidad de estos invertebrados a su medio ambiente. El desarrollo de sus ideas respecto al tema de adaptación lo condujo al estudio profundo de la génesis de los mecanismos a través de los cuales se forman y enriquecen las estructuras cognoscitivas en las distintas etapas de la infancia y adolescencia (de ahí que se le conozca como educador) para luego explicar como es que de la misma manera se desarrolla el pensamiento científico.
El caso de Piaget es curioso. Su cambio de la zoología a la epistemología* no se debió a un grave problema de elección profesional, como bien podría suponerse, sino a su profundo interés por el conocimiento científico y a su firme convicción de que todo fenómeno puede ser estudiado a partir del modelo biológico. De cualquier forma, su reconocimiento como hombre de ciencia se ha dado en el campo de la psicología evolutiva, habiendo incursionado antes en el terreno de la zoología.
Después de este breve repaso de la historia de estos científicos y de otros más que cambiaron su primera elección profesional cuando descubrieron sus intereses reales, seguí conservando mis dudas. Efectivamente había llegado ha aceptar que si bien era sorprendente pasar de doctor a psicólogo o de abogado a astrónomo (como fue el caso de Edwin Hubbble, descubridor de la expansión del universo), era igualmente válido este hecho; sin embargo, no dejaba de suponer que estos grandes hombres habían tenido una “equivocación” en su elección primaria, es decir, un fracaso. Además seguía manejando la idea tradicional de vocación: aquel llamado interno que nos hace Dios para elegir ésta o aquella actividad para ejercerla durante toda la vida.
La respuesta a estas inquietudes llegó cuando releí un libro de la carrera sobre el tema, ahora con una mirada diferente, en el que su autor explicaba que nosotros elegimos en función de las opciones que se nos muestran y de los estímulos del exterior —nunca es a partir de algo que por dentro nos induzca a elegirlo—, y que además elegimos también siguiendo un ideal del yo, elemento que se estructura en nuestro interior y que se torna conciente o inconsciente como producto de nuestra relación con el otro. Esto último me pareció la clave para dilucidar mi pensamiento y dar respuesta así a mi duda acerca de si era posible saber de antemano para qué quehaceres en la vida estamos destinados.
El ideal del yo lo resume Bohowslasky con un ejemplo: “Cuando alguien quiere decir ‘Yo quiero ser ingeniero’ nunca es simplemente ‘yo quiero ser ingeniero’, sino ‘yo quiero ser como supongo que es fulano de tal, quien es ingeniero y tiene tales poderes que quisiera que fueran míos’”
Una y mil veces me había preguntado ¿cuál es mi vocación?, como si se tratara de descubrir algo que se trae ya genéticamente, algo del equipamiento biológico con el que se nace. El autor me lo aclaró: la vocación no se trae, sino que se va dando con la vida misma, con las experiencias y vivencias con los otros, con la práctica y con la madurez.
Ni Darwin ni Freud ni Piaget conocían de antemano a qué dedicarían su vida, y no habrían optado por lo que optaron si la vida misma no los hubiese puesto frente a ciertas personas, oportunidades y circunstancias: iniciaron su camino y sólo a través de éste fue que encontraron su vocación.
Terminaré con la referencia que el mismo Bohoslavsky, autor del libro Orientación Vocacional, hace del poeta español Antonio Machado, que con sus versos me dio la respuesta a la pregunta ¿podemos conocer cuál es nuestra vocación antes de iniciar el camino?

Caminante son tus huellas
El camino nada más.
Caminante no hay caminos
Se hace camino al andar



* Campo de la filosofía que aborda el problema del conocimiento científico

5 comentarios:

  1. muy buenas noches profesora

    me intereso mucho su informacion..

    muchos saludos...


    atte:cecy

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  2. Saludos prefesora. Es muy interesante saber que nuestra elección esta manipulada por elementos que anexamos, por el contacto con individuos y necesidades durante nuestra vida.

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  3. Buenas noches profesora
    Interesante documento, y muy de acuerdo en el contexto de que "La vocacion" no es algo con lo que se nace, sino se forja con el paso de los años y dedicacion por parte de uno mismo, no solo es el gusto por querer ser alguien, hay un camino muy dificil que recorrer, nada es facil, solo es cuestion de tener actitud....

    Atte:

    Jesvan

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