miércoles, 25 de noviembre de 2009

La Arquitectura en el Siglo XVIII

La puerta de Brandemburgo, Berlín.


En su libro Historia del Arte, Ernst Gombrich nos dice que durante el siglo XVIII la mayoría de los arquitectos ingleses “ciertamente se continuaron fieles a las formas clásicas de l arquitectura renacentista, pero incluso ellos se fueron apartando cada vez más del estilo correcto, mirando con algún recelo la tradición y la practica del todo de construir se había desarrollado a partir del renacimiento. Advirtieron que muchas de estas prácticas no se hallaban corroboradas realmente por los edificios clásicos de Grecia. Se dieron cuenta con asombro de que lo que habían tenido por norma de la arquitectura clásica, desde el siglo XV, había sido tomado de unas cuantas ruinas romanas de un periodo más o menos decadente. Hacia esa época, los templos de la Atenas de Pericles fueron redescubiertos y grabados por celosos viajeros, apareciendo sorprendentemente distintos a los diseños clasicistas de Palladio. Así, estos arquitectos empezaron a preocuparse del estilo verdaderamente correcto”.
Así nace el gusto y amor de los ingleses por la Grecia Antigua, al grado de que en el siglo XIX, Lord Elgin, embajador inglés en la zona, ahora en conflictos con los otomanos, de Grecia, estajo múltiples frisos y metopas del Partenón para ser vendidas y conservadas por sus connacionales.
Esta nueva forma de ver lo clásico se le llamó neoclasicismo, aunque algunos conservan el concepto meramente de clasicismo. La difusión de este estilo arquitectónico se difundió en toda Europa. En Prusia, hoy Alemania, se construyó la puerta de Brandemburgo, que imitó la puerta de entrada a la Acrópolis de Atenas, siendo un ejemplo prototípico del llamado neoclasicismo
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